Si la Selección de Argentina cuenta entre sus filas un médico (Roncero), un cirujano (Contepomi) y un cantante de ópera (Hasán), seguramente se debe al estatuto de deporte amateur del rugby en Argentina. La Federación argentina, la UAR, cuenta con un presupuesto anual de apenas 2 millones de dólares, suma ínfima si se compara con los recursos de otras federaciones. Raúl Sanz, hombre de negocios y secretario de la UAR explica: "Cuantos Pavarotti entre millones de cantantes de ducha? Pocos... La Federación debe velar sobre los 80.000 jugadores del país y no solamente sobre los 40 profesionales que juegan en Europa. Estamos al servicio también de aquellos que no elijieron el rugby como profesión, aquellos que no pueden pagar ni Sky, ni el cable." Sanz, antiguo Puma con el número 8, milita por una equidad social que exije no pagar un solo peso como entrada, cuando una "popular" para asisitir a un partido de Boca cuesta 5 euros.
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"Por qué a los clubes franceses les gusta tanto el jugador argentino? Porque juegan como amateurs, con el corazón y las tripas! Nosotros encarnamos una cierta idea del rugby, somos los románticos del planeta ovalado. Ustedes me hablan de títulos y de dinero, yo les hablo de hombres y de ideas. Monet y Rimbaud murieron sin un centavo, sin el mínimo reconocimiento. Pero sus ideas perduran." Continúa argumentando.
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Los Pumas quizás estén aislándose de las otras naciones grandes del rugby, quizás nunca ganen una Copa del Mundo, Sanz replica: " El campeón del mundo es el mejor de un torneo que dura 7 semanas. No más. Si no somos campeones del mundo no será un drama." El rugby argentino antes practicado exclusivamente por la élite del país, ahora en vías de democratización (un joven de escasos recursos, no paga ni licencia ni equipamiento en su club), continuará su camino singular. Esa obsesión intacta por el scrum, esa disputa anticuada, noble y hoy desdeñada por el rugby mundial, pone en evidencia un cierto romanticismo. Y es porque Argentina a preferido formar hombres y no máquinas.
